Al servicio secreto del régimen
Alerta: Espóileres. A Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell, se le atribuye haber afirmado que toda obra de arte es propaganda, pero no toda propaganda es una obra de arte; y, a ello, el cine no ha sido ajeno. Sergei Eisenstein entregó, con “El acorazado Potemkin” (1925), no solo una de las obras fundacionales de la técnica del montaje, sino también una producción propagandística para el régimen soviético. En “El triunfo de la voluntad” (1935) Leni Riefenstahl documentó el congreso nacionalsocialista alemán efectuado en Núremberg, con tal resultado que cabe preguntarse, como lo ha hecho Benjamín Rivaya, profesor de la Universidad de Oviedo, si la directora había sido capaz de hacer creer al público el mensaje, sin ella creerlo a la vez. En México, los gobiernos emanados de la Revolución también usaron al cine con fines divulgativos. El preludio de la Segunda Guerra Mundial abrió un periodo de apogeo, conocido como la “época de or...

