Historias paralelas

 Alerta: Espóileres.

 

En la cinta de Pedro Almodóvar “Madres paralelas” (2021), la trama se desata cuando dos mujeres comparten una habitación en la sala de maternidad de un hospital madrileño; ambas son madres solteras, con embarazos que no fueron planificados y dan a luz a dos niñas en el mismo día. 

 

Es una película en la que hay que poner atención a los detalles; por ejemplo, el manejo del color, con ciertas reminiscencias a "Vertigo" (Hitchcock, 1958)la banda sonora, a cargo de Alberto Iglesias, que le ha impreso una atmósfera de thriller a un film esencialmente dramático, así como los nombres de los dos personajes femeninos principales; Ana, interpretada por Milena Smit, aparece como una referencia a quien, en la tradición católica, es la santa patrona de las embarazadas y del parto; Janis, por su lado —representada por Penélope Cruz, quien ha entregado una actuación memorable—, si bien en la película se menciona que recibió de su madre tal nombre por la cantante Janis Joplin —ícono del movimiento hippie nacido en los años 1960s en los Estados Unidos—, su grafía recuerda a Jano, el dios romano dotado del don de la clarividencia, bifronte, con una cara viendo al futuro y con la otra al pasado.

 

Y es que en el contexto de esta historia subyace —traído a cuadro precisamente por el personaje encarnado por Cruz— la búsqueda de los desaparecidos durante la guerra civil española. Fotógrafa de profesión, este personaje compagina su reciente maternidad —la esperanzadora vista al futuro— con la búsqueda de los restos de su abuelo —la dolida mirada al pasado—, quien habría desparecido en los primeros momentos de la conflagración que desangró a España entre 1936 y 1939.

 

Según el informe presentado en marzo de 2006 a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, cerca de medio millón de personas habrían perdido la vida durante la guerra civil española, algunos de cuyos cuerpos habrían sido sepultados en fosas comunes y nunca identificados ni entregados a sus familiares y cuyo número podría alcanzar los 30,000, de acuerdo con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. En diciembre de 2007 fue promulgada la Ley de Memoria Histórica mediante la que el estado español asumió esa condena continental al franquismo y, en cuya exposición de motivos, se reiteró que «nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y dignidad de todos los ciudadanos».

 

Si bien, ese entorno histórico permanece en el contexto de la obra de Almodóvar y solo se retoma al final, el relato entre estas dos mujeres bien puede ser una alegoría de la vida de las familias de las víctimas de las dictaduras; historias personales trastocadas y hasta perdidas por circunstancias que les sobrepasaron, que les eran no solo ajenas sino hasta desconocidas para quienes las padecieron: la Historia —con mayúscula— a costa de muchas historias —con abundantes minúsculas—.

 

Las víctimas de las tiranías han sido presentadas en el cine desde diferentes ópticas y con distintos regímenes en la mira, en obras como “Desaparecido” (Costa-Gavras, 1982) o “Fresa y chocolate” (Gutiérrez AleaTabío, 1993) —solo por mencionar a un par referidas a sendos gobiernos despóticos de la región hispanohablante—, pero solo algunas lo han hecho desde la maternidad, como “La historia oficial” (1985), dirigida por Luis Puenzo a partir del guion de Aída Bortnik y del propio director.

 

Este film se desarrolla en los últimos momentos de la dictadura cívico-militar que padeció Argentina entre 1976 y 1983, cuya trama se desata cuando, a la par del deterioro del régimen, una profesora de historia comienza a preguntarse sobre el verdadero origen de su hija adoptiva, llevada al seno familiar por su esposo, destacado colaborador del gobierno autocrático. 

 

La primera parte de la película se concentra en la paulatina revelación por la que pasa el personaje principal, llamado Alicia —que deriva del griego ‘alétheia’ que significa verdad, interpretado por Norma Aleandro; esa epifanía aparece como una metáfora de lo ocurrido con cierta parte de la sociedad argentina que, en la cinta, emerge a partir de diversos acontecimientos que se suscitan tanto en el instituto en el que labora —algunos alumnos pegan recortes de periódicos en el pizarrón, entre ellos notas sobre niños desaparecidos—, como fuera de éste; es particularmente revelador el reencuentro que sostiene con una antigua amiga que regresa del exilio, durante el que ésta le da a conocer las circunstancias de su abrupta salida del país. 

 

Es otro encuentro fortuito en otra sala de maternidad —lugar en el que se alumbra, en el que se da a luz—, ahora en un hospital bonaerense, el que brinda al personaje encarnado por Aleandro, la convicción de que su hija adoptiva podría ser una de tantas niñas arrebatadas a sus madres, desaparecidas, durante las purgas emprendidas por el gobierno militar, muchas de cuyas intervenciones habrían llegado hasta el espacio más íntimo de los hogares argentinos, extrayendo de su seno a quienes eran señalados por no profesar las mismas convicciones políticas del régimen. Al inicio de la cinta, la secuencia del “asalto” a la recámara de la niña adoptada durante su fiesta de cumpleaños por parte de algunos de los niños invitados, recrea con sencillez, pero con mucha emotividad, la invasión a la intimidad del hogar por parte de las fuerzas armadas. Esa animosidad resurge al final, con la angustia del padre adoptivo que desconoce el paradero de la niña y, ante lo cual, la madre le echa en cara el horror que representa ignorar el paradero de un ser querido.

 

El final de la cinta va coincidiendo con el del régimen y comienzan a vencerse las vallas de contención y a aflorar las evidencias de los crímenes cometidos por aquél, cuyas consecuencias aún subsisten. En una entrevista a la televisión española, Raúl Alfonsín el primer presidente argentino después del retorno a la democracia reconoció la desaparición de cerca diez mil personas durante la dictadura cívico-militar que gobernó al país entre 1976 y 1983, incluidos menores de edad que habrían sido secuestrados con sus padres o que nacieron durante el cautiverio de sus madres embarazadas y que, en 2022, serían adultos de entre 40 y 45 años de edad, probablemente con descendencia, por lo que se ha incluido a una tercera generación en la búsqueda, a los nietos de los desaparecidos.

 

Aunque el régimen franquista y la dictadura cívico-militar argentina emprendieron retirada —junto con otros, como el encabezado por Augusto Pinochet en Chile—, otros gobiernos autoritarios aún subsisten, como el cubano, el más añejo de la región hispanohablante, que desde su inicio fusiló disidentes, encerró a opositores en centros de "reeducación", instauró modernos modelos de esclavitud, como las misiones de médicos, e impuso una férrea censura que todavía se mantiene; en la reforma al código penal cubano de mayo de 2022 se conservaron tipos penales como el de sedición, por el que se han impuesto hasta treinta años de cárcel a algunos de los manifestantes del 11 de julio de 2021, habida cuenta que —en sentido contrario a la tendencia de los regímenes democráticos— se incorporaron cuatro delitos más que ameritarían la pena capital.

 

Las amenazas autoritarias nunca terminan y no hacen más que cambiar de forma. La segunda década del siglo XXI es testigo de un proceso global desdemocratización y de restauración de regímenes autoritarios que ideológicamente cubren, de izquierda a derecha, una buena parte del espectro político, pero que tienen en común, el deterioro paulatino de las libertades civiles y de la separación de los poderes públicos, el encumbramiento de liderazgos personalistas, así como la cooptación del sistema de partidos y de los procesos electorales.

 

Para los ciudadanos de a pie, el paso de democracia a autocracia —más allá de que el movimiento sea de derecha a izquierda o viceversa— habitualmente se manifiesta en el tránsito entre la libertad y la opresión, entre la presencia y la desaparición, entre la vida y la muerte.


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