Cacería de brujas
Alerta: Espóileres.
En la película “Being the Ricardos” (2021), escrita y dirigida por Aaron Sorkin, se reproduce una semana de grabación, en 1952, de la serie televisiva “I love Lucy”, protagonizada por Lucille Ball y Desi Arnaz, enturbiada, entre otros incidentes, por la divulgación de la filiación política de la protagonista durante su juventud.
La cinta retoma, en un melodrama, un periodo de la historia norteamericana ensombrecido por el macartismo, que previamente había sido abordado, con tonos distintos, en otras producciones como “Guilty by Suspicion” (Winkler, 1991), “Good Night, and Good Luck” (Clooney, 2005) y “Trumbo” (Roach, 2015).
Durante la Segunda Guerra Mundial, la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos formó una comisión especial para investigar el proselitismo interno contrario a los intereses de la unión americana. Una vez concluida la conflagración y ya con carácter permanente, el Comité de Actividades Antiamericanas —HUAC, por sus siglas en inglés—, reorientó sus pesquisas al contexto de la Guerra Fría.
El antiamericanismo que daba nombre al comité era un concepto impreciso, cuya denotación estuvo al arbitrio del propio HUAC, pero enmarcada, en buena medida, por la dicotomía schmittiana entre ‘amigo’ y ‘enemigo’, en la que el primero es quien se manifiesta a favor de cierta postura política y, por exclusión, quien no lo haga adquiere la segunda condición. El entorno de la época estuvo caracterizado, además, por el activismo del senador Joseph McCarthy quien, a la par de las actividades del HUAC, realizaba indagatorias similares desde una subcomisión del Comité de Operaciones Gubernamentales del Senado norteamericano.
En 1947, el HUAC abrió una averiguación sobre la posible difusión de propaganda antiamericana en el cine, dentro de la que varios guionistas y directores fueron citados a declarar —los “Diez de Hollywood”—, quienes se negaron a responder sobre su filiación política, argumentando que tales cuestionamientos atentaban contra la primera enmienda de la constitución estadounidense, en la que se tutelan las libertades de creencia y de expresión. La Cámara de Representantes calificó esa negativa como desacato y emprendió acciones judiciales en su contra, por las que recibieron penas de entre seis meses y un año de prisión.
Posteriormente, otros emplazados por el HUAC optaron por apegarse a la quinta enmienda, que consagra el derecho a no declarar contra sí mismo, lo que llevó al comité a la conjetura de que tal negativa escondía algún motivo de incriminación. Ello puso sobre quienes eran citados una especie de “presunción de culpabilidad” —la falacia de McCarthy— que les obligaba a demostrar su inocencia. Esa estrategia de defensa se convirtió, además, en un pase directo a la lista negra —cuya existencia fue negada reiteradamente— en la que habrían sido incluidos quienes, aún sin cometer desacato, se habían negado o no habrían colaborado satisfactoriamente con las pesquisas.
Sin embargo, en “Being the Ricardos” toda esa atmósfera se difumina en un tumulto de eventos presentados tanto en la trama principal como en varias escenas retrospectivas, que van desde el adulterio del coprotagonista, hasta la polémica por la presentación en la pantalla televisiva de un matrimonio interracial, primero, y del embarazo de Ball, después. No obstante, la obra de Sorkin —de la que vale destacar su espléndido desempeño actoral y un final íntimo y emotivo— alude a algunos rasgos característicos del macartismo, como la complicidad de algunos medios de comunicación que, mediante la difusión de información sesgada o, incluso, alterada, abonaron al clima de linchamiento social.
La moción de censura promovida en contra del senador McCarthy en diciembre de 1954, amainó el ímpetu inquisitorial predominante. Sin embargo, el HUAC continuó operando, con un perfil bajo, durante veinte años más. Fue hasta 1975 que formalmente concluyeron las actividades de ese organismo, en el contexto de la caída política de Richard Nixon, quien había formado parte del comité en su paso por la Cámara de Representantes entre 1947 y 1950.
En ese entorno de distensión fue estrenada “The Front” (1976), dirigida por Martin Ritt y escrita por Walter Bernstein; una de las primeras cintas en abordar ese episodio histórico y cuya trama se desarrolla a partir de la inserción de un guionista en la lista negra, lo que le lleva a proponerle a un amigo que funja como su prestanombres para seguir trabajando; táctica utilizada en aquella época y a la que, en el film, se unen otros dos escritores en idéntica situación.
A pesar de que en los papeles principales hay dos comediantes —Woody Allen y Zero Mostel— la película no es una comedia, lo que genera cierta tensión dramática que abona a la percepción de desasosiego de la trama, como, por ejemplo, en el desenlace del personaje interpretado por Mostel —el anfitrión de un programa televisivo que es despedido al ser incluido en la lista negra—, semejante al que tuvo el actor Philip Loeb, en 1955, después de haber sido cesado de la serie “The Goldbergs” por haber sido enlistado.
En “The Front” la trama se concentra en este momento histórico. En una secuencia desarrollada en la habitación de un hospital, los tres escritores encubiertos discuten las mismas estrategias que habrían analizado quienes eran citados por el HUAC; cooperar con el comité, abrazando a la delación como tabla de salvación; apegarse a la quinta enmienda, negándose a declarar contra sí mismo, con el riesgo de ser enlistado, o desconocer la autoridad del comité, con el peligro de la acusación de desacato. En otra secuencia, se exhibe como la volatilidad del objeto del comité y de sus indagatorias, llevó a la lista negra no solo a quienes detentaban posturas políticas contrarias a las exaltadas por el comité sino también a quienes, como la productora interpretada por Andrea Marcovicci, simplemente cuestionaron el proceso o denunciaron las secuelas dejadas entre quienes fueron señalados.
El desenlace, con Allen en primer plano y las voces superpuestas y sincronizadas de quien le interroga y del abogado que le asiste, ilustra el conflicto interno de quienes tuvieron que comparecer ante un órgano del estado para dar cuenta de sus convicciones. En los créditos finales, además de la actividad desarrollada en la producción, se menciona que tanto el director y el guionista —Ritt y Bernstein— como los actores Zero Mostel, Hershel Bernardi, Lloyd Gough y Joshua Shelley estuvieron en la lista negra.
Las secuelas de este episodio en la industria fílmica trascendieron a la existencia misma del HUAC. En la 71ª ceremonia de entrega de los Oscars, celebrada en 1999 y en medio de una audiencia dividida, se confirió un premio honorario a Elia Kazan, quien se había confesado ante el comité y había delatado a varios de sus colegas. McCarthy también trascendió a la historia política aportando su apellido para nombrar no solo a este periodo sino, por extensión, también al uso de las instituciones democráticas con fines autoritarios, persiguiendo a los opositores o violentando sus derechos en nombre de determinado proyecto político.
Pero este álgido momento también evidenció que, a pesar de que las amenazas autoritarias nunca terminan y que no hacen más que cambiar de forma, la libertad encuentra el camino.


Comentarios
Publicar un comentario